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Esta historia empieza con
las tablillas de arcilla babilónica aquí representadas y conocidas con el
nombre de mul.apin.
Antes de entrar en
detalles, primer debemos definir qué es en realidad la astrología. El “arte
de los reyes” o, expresándolo en términos modernos “la psicología más
antigua del mundo” se sirve (desde el punto de vista técnico) de los 7
planetas clásicos que se mueven en un cinturón de constelaciones de
estrellas (llamado zodíaco). Además, la astrología parte de la base de que
entre esas constelaciones celestes y la vida y el destino humano en la
Tierra existe una relación que puede entenderse como una analogía o una
sincronicidad de procesos entre esos dos mundos.

Foto. Tablilla de arcilla
mul.apin, una de las dos pequeñas tablillas de arcilla en las que se
representa el cielo de dioses estrella de los sumerios, con determinación
exacta de ubicación y tiempo (tamaño original: 6 x 8,4 cm).
En todas las culturas que la humanidad
ha producido en el curso de su historia siempre ha habido (desde los
primeros momentos) un esfuerzo por estudiar y comprender el curso de la
Luna. Sin duda, las primeras ideas mágicas y místicas, y los ritos y cultos
a la Luna (derivados de ellas) como luz nocturna en constante movimiento, se
originaron en los tiempos preculturales. Pero además, la Luna también era un
indicador independiente
de las variaciones del tiempo. Pues muy pronto existió la necesidad de
comprender y poder calcular las idas y venidas cíclicas de las estaciones.
Para una floreciente cultura de asentamiento fijo (no-nómada) con sus
estructuras sociales y económicas cada vez más especializadas, disponer de
un calendario fiable era básico para sobrevivir.
No obstante, esos
primeros esfuerzos de diferentes culturas todavía no pueden describirse como
astrología. Ni siquiera tampoco cuando algunos pueblos (la cultura prehindú
Harpa del valle del Indo o los druidas de Stonehenge) finalmente pudieron
comprender el curso del Sol y, de esta forma, pudieron determinar la
duración exacta del año y de sus estaciones.
Sin duda, esto fue un
paso previo necesario para la posterior aparición de la astrología. Sin
embargo, el paso de reconocer los planetas visibles a simple vista e
incorporarlos en una “religión de las estrellas” sólo lo dio una cultura. No
fueron ni los griegos ni los egipcios ni los chinos ni los hindúes. Con
pequeñas adiciones particulares, estas culturas se quedaron en el paso
previo y no fue hasta mucho más tarde (500-300 a.C. o más tarde) cuando
recibieron la astrología caldea. Tampoco fueron los caldeos ni los
babilonios ni los acadios, descendientes de los pueblos semitas de
Mesopotamia. Fueron los sumerios, un pueblo no-semita que
probablemente llegó a Mesopotamia sobre el 4000 a. C., quienes en el tercer
milenio antes de Cristo dieron el paso definitivo, que consistió en
descubrir los cinco planetas Saturno, Júpiter, Marte, Venus y Mercurio, y
medir y describir su movimiento en el zodíaco. Esto es lo que los últimos
descubrimientos científicos demuestran.
La tablilla de arcilla
arriba representada es una de las dos de la serie que se conoce con el
nombre de mul.apin. En ellas se describen los movimientos del Sol, la Luna y
los cinco planetas, y además se representan y describen de forma exacta 33
constelaciones con 66 estrellas individuales. En estas tablas, los doce
signos zodiacales reciben el nombre de “el camino de la Luna” y su aparición
como primer astro de la mañana está fijada de forma exacta en un calendario
solilunar. Estos datos pueden comprobarse actualmente (teniendo en cuenta el
desplazamiento precesional).
Las dos tablillas mul.apin fueron
descubiertas en Nínive, en la biblioteca del rey babilonio Assurbanipal
(período asirio, 669-627 a.C.). Inicialmente fueron (erróneamente)
consideradas parte del Enuma Anu Enlil (*), que durante mucho
tiempo se catalogó como “el libro de astrología más antiguo del mundo”. Esta
serie de tablillas de arcilla es la colección más amplia de observaciones
astronómico-astrológicas y reglas de augurios de la época de los comienzos
de la astrología. Según expresión del propio Assurbanipal, era la pieza de
su colección de la que estaba más orgulloso. Se alegra de haber leído en sus
“textos de los tiempos de antes del Diluvio”. Sin embargo, hasta hace poco
los expertos (asiriólogos y sumeriólogos) no habían dado crédito a esta
afirmación puesto que la mayor parte
de los escritos de esta colección procede claramente de los comienzos de la
época babilónica (dinastía Hamurapi) del rey Amizaduga (1518-1516 a.C.)
Sin embargo, los últimos
desciframientos de la lengua y los textos sumerios ponen de manifiesto que
dos de las pequeñas tablillas (justamente, el mul.apin) son copia de un
texto sumerio mucho más antiguo, cuyo original se ha encontrado. El original
procede del año 2340 a.C. (esto es lo que se desprende de los cálculos
realizados por el especialista Werner Papke basándose en los datos incluidos
en estos textos sobre los momentos en que se producían las apariciones de 66
estrellas y constelaciones como primer astro de la mañana). Con su minucioso
trabajo, Papke ha conseguido reconstruir todo el cielo de estrellas de los
sumerios. Gracias a este descubrimiento, hoy conocemos de forma exacta el
modelo conceptual astrológico original de los sumerios: la posición de las
estrellas en esa época, cómo dividieron el cielo en constelaciones y cómo se
interpretaban dentro de su integradora “religión de las estrellas”.
Para hacer una
descripción del fascinante modelo del mundo de los sumerios, necesitaríamos
más espacio del que tenemos disponible en este artículo. Además, hasta el
momento, sólo se ha traducido una pequeña parte de las tablas de arcilla
sumerias (en el sótano del British Museum de Londres hay unas 20 000 tablas
todavía no traducidas). Sería temerario y absurdo querer ofrecer aquí una
visión general definitiva. No obstante, con algunos ejemplos, quiero
destacar algo de la imagen visible hasta el momento.
Los sumerios dividían su
cielo en tres “caminos” que transcurrían paralelos al ecuador celeste y que
daban la vuelta al cielo: el camino de Ea, el camino de Anu y
el camino de Enlil. Estos caminos eran las esferas de influencia de
tres supradeidades abstractas que jamás se representaban corporalmente: la
divina trinidad. Eran las esferas del mundo material (Ea), el mundo humano (Anu)
y el mundo divino (Enlil). A través de estas tres bandas serpenteaba “el
camino de la Luna” (Charranu), que también era el camino de los planetas: el
zodíaco. De esta forma, una parte del zodíaco se encuentra en el camino de
Enlil (los signos de verano), una parte en el camino de Anu (signos de
primavera y otoño) y una parte en el camino de Ea (los signos de invierno).
El mapa estelar adjunto preparado por Werner Papke según el mul.apin muestra
esta división para el período de 2340 a.C.

Figura. Mapa estelar
según el mul.apin (Werner Papke).
En ese momento de la historia, los
sumerios ya conocían el movimiento de desplazamiento precesional de las
constelaciones. Las representaciones anteriores siempre hablan de 11 signos
zodiacales (todavía falta Libra). En cambio, el mul.apin describe las
imágenes de 12 constelaciones y explica claramente que Zibanium (Libra) se
construyó a partir de las pinzas del escorpión, para dar al comienzo del
otoño su propio signo. Anteriormente, el zodíaco siempre se basaba en dos
estrellas: Aldebarán (en Tauro) marcaba el equinoccio (duración del
día y de la noche iguales) de primavera y Antares (en Escorpio)
determinaba el punto de inicio del otoño. Pero esto sólo es cierto alrededor
del 3200 a.C. Probablemente, un poco antes de que se escribiera el mul.apin,
se descubrió que el punto de misma duración del día y de la noche se había
desplazado hacia el oeste: de Aldebarán a las Pléyades y de
Antares hacia
las pinzas del escorpión.
Los sumerios vivían de
acuerdo con su círculo estelar. A lo largo del año se movían de forma
síncrona con el movimiento de los dioses-planeas y de las casas celestes
(los signos). Esto daba una determinada actividad y ocupación para cada
momento del tiempo. Por ejemplo, la acumulación de estrellas de las
Pléyades y las Híades de Tauro, significaban “el poste de la casa
nupcial”. Tras su invisibilidad en invierno, en el mes de mayo volvían a
aparecer como primer astro de la mañana antes de la salida del Sol en el
horizonte este: ¡Tiempo de bodas!
O cuando, un mes antes,
la estrella Hamal aparecía por el Ascendente como primer astro de la
mañana, era momento de arar y sembrar los campos. Hamal es la
estrella más brillante de Aries, que en sumerio es LU.CHUN.GA, que significa
trabajador del campo o pastor. Por cierto, al mismo tiempo, ascendía la
pequeña constelación Apin (arado) situada en la mitad superior del zodíaco.
Todos los planetas tenían
su “casa” (signo domicilio). Destaca el hecho de que Venus (Ischtar) era el
único planeta que tenía cuatro casas. Era la diosa-planeta superior y
aparecía en cuatro formas distintas: como Schamchat (la prostituta
divina) en GU.AN.NA (Tauro), como Shala Shubultum (Virgen con la
espiga) en AB.SIN (Virgo), como Ischchara (regente de todos los
países) en GIR.TAB (Escorpio) y como Anunitum (madre de LU.CHUN.GA)
en ARURU (Piscis). Esto demuestra que la cultura sumeria era matriarcal.
Efectivamente, las mujeres eran mayoría en la clase sacerdotal. Este dominio
femenino no acabó hasta que el primer rey babilonio Amizudaga (1581-1561
a.C.) nombró oficialmente a Marduk (Júpiter) como dios del estado.
Estos ejemplos son
suficientes. también podríamos hablas de la epopeya de Gilgamesh (existe una
nueva traducción de los textos originales sumerios). Con una cuidadosa
lectura de esta obra se desprende que no sólo es un magnífico trabajo
épico-literario sino también algo así como el libro de texto o de
interpretación del mul.apin. Éste sí es, verdaderamente, el manual de
astrología más antiguo. Pero esto sería una larga historia...
(*) La colección
Enuma Anu Enlil contiene, además del mul.apin, una gran cantidad
de datos de observaciones de movimientos del Sol (Schamasch) y la Luna
(Sin). En la sección dedicada a Venus, no sólo se encuentran unas efemérides
de Venus de 20 años sino también una cantidad de observaciones del resto de
planetas, con sus ascensos y descensos, y los momentos de conjunción con
estrellas fijas. Y todos estos datos tienen añadidos textos de
interpretación (un total de más de 7000 textos). Hasta la época moderna, en
la literatura astrológica se encuentran citas (en parte literales) de esos
antiguos textos, en especial, en las colecciones de aforismos de los siglos
XVI y XVII, así como en los textos de astrología horaria y mundana del siglo
XX.
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